En una finca dañada los bioestimulantes no sustituyen la corrección del problema físico del suelo. Su papel real es complementar el manejo del suelo, acelerar la recuperación funcional del sistema suelo-rizosfera-raíz y ayudar al olivo a superar el estrés dentro de una estrategia de trabajo bien planteada. 


En olivicultura, los bioestimulantes tienen interés cuando el problema no está solo en la copa, sino en el conjunto suelo-raíz-planta. Esto ocurre tras episodios de erosión, arrastre de finos, sellado superficial, compactación, pérdida de materia orgánica, salinidad funcional o encharcamiento prolongado. En estos escenarios ningún bioestimulante reconstruye por sí solo un suelo degradado. No sustituye al drenaje, a la corrección de cárcavas, a la reposición de materia orgánica ni a la protección del suelo mediante cubierta vegetal o restos orgánicos. Su función es ayudar a recuperar funcionalidad. Y para lograrlo, el orden de actuación condiciona directamente su eficacia. Por ello, el orden recomendado es:

1º Corregir el daño físico del suelo: drenaje, escorrentía, compactación, pérdida de estructura y protección superficial.

2º Evaluar el estado del sistema radicular y descartar problemas de sanidad de raíz o cuello.

3º Seleccionar el bioestimulante en función del tipo de estrés dominante y del objetivo agronómico real.

Este planteamiento evita dos errores muy frecuentes: aplicar productos de forma genérica sin diagnóstico previo y atribuir al bioestimulante funciones que en realidad dependen del manejo físico, del riego y o sanitario de la parcela.

BIOESTIMULANTES DE MAYOR INTERÉS EN OLIVAR

No todos los bioestimulantes aportan lo mismo ni deben recomendarse para el mismo escenario. Los más interesantes en olivar son:

1. Sustancias húmicas y fúlvicas

Las sustancias húmicas y fúlvicas son fracciones de la materia orgánica humificada, es decir, compuestos orgánicos complejos originados durante la transformación biológica y química de restos vegetales y microbianos en el suelo. En agronomía no se valoran por aportar nutrientes de forma directa, sino por su capacidad para actuar sobre el sistema suelo-rizosfera-planta. Las fracciones húmicas suelen asociarse más a efectos sobre el entorno edáfico y la raíz, mientras que las fúlvicas, por su mayor solubilidad y movilidad, se relacionan más con la complejación, disponibilidad y aprovechamiento de nutrientes en la solución del suelo.

En olivar, su interés técnico aparece sobre todo cuando la parcela ha perdido funcionalidad edáfica: erosión, arrastre de finos, encostramiento, baja materia orgánica, degradación de la rizosfera o alteración de la absorción radicular tras un episodio de estrés. En estas situaciones pueden favorecer un entorno más estable para la reactivación de raíces finas, mejorar la eficiencia en la absorción mineral y ayudar a que el árbol recupere actividad fisiológica con mayor rapidez. Por eso encajan mejor como herramientas de apoyo a la recuperación del sistema suelo-raíz que como simples “correctores” nutricionales.

Ahora bien, conviene no sobredimensionarlas. En un suelo agrícola dañado no reconstruyen por sí solas la estructura, no corrigen una compactación severa, no sustituyen el drenaje ni reparan una cárcava. Su función real es complementar el manejo físico y biológico del suelo, ayudando a recuperar agregación, actividad radicular, dinámica de nutrientes y resiliencia del sistema cuando la base agronómica ya se ha corregido.

2. Hidrolizados proteicos

Son bioestimulantes no microbianos obtenidos por hidrólisis química, enzimática o una combinación de ambas a partir de proteínas de origen vegetal o animal. El resultado no es una proteína intacta, sino una mezcla de aminoácidos libres, oligopéptidos y polipéptidos solubles cuya composición depende mucho de la materia prima y del proceso de fabricación.

Técnicamente, eso es lo que los diferencia de un simple formulado de aminoácidos: un hidrolizado proteico no aporta solo aminoácidos sueltos, sino también péptidos bioactivos que pueden intervenir en procesos de señalización y en la respuesta fisiológica de la planta. Por eso, en bioestimulación se consideran materiales más complejos y, en muchos casos, más interesantes agronómicamente que un producto basado solo en aminoácidos libres.

Su interés agronómico no está en “nutrir” como un fertilizante convencional, sino en estimular procesos naturales de la planta. Constan mejoras en eficiencia de uso de nutrientes, crecimiento, desarrollo radicular, actividad fisiológica y tolerancia a estrés abiótico como salinidad, sequía u otras situaciones subóptimas. Aun así, su respuesta depende de la fuente proteica, del grado de hidrólisis, del perfil de péptidos, de la dosis, del cultivo y del contexto de aplicación.

3. Complejos aminoacídicos

Los aminoácidos son compuestos orgánicos que contienen, al menos, un grupo amino y un grupo carboxilo. Son las unidades básicas de las proteínas y pueden unirse entre sí mediante enlaces peptídicos para formar péptidos y proteínas.

Dicho de una forma, los aminoácidos no son solo “trozos de proteína”. En la planta participan en procesos clave de síntesis proteica, metabolismo del nitrógeno, formación de compuestos nitrogenados y respuesta frente a situaciones de estrés. Por eso, cuando se aplican en bioestimulación, su interés no se limita a un posible aporte nutricional, sino a su capacidad para influir en procesos fisiológicos concretos.

Conviene además no confundir aminoácidos con hidrolizados proteicos. Un formulado de aminoácidos suele aportar aminoácidos libres o en proporción alta, mientras que un hidrolizado proteico es una mezcla más compleja de aminoácidos, oligopéptidos y péptidos, obtenida por hidrólisis de proteínas vegetales o animales. Agronómicamente no son exactamente lo mismo, porque los hidrolizados pueden incorporar también fracciones peptídicas con actividad bioestimulante propia.

En olivar, los aminoácidos se utilizan como herramientas de apoyo fisiológico para la recuperación metabólica del árbol, favorecer la brotación y mejorar la respuesta frente a estrés, especialmente cuando el sistema radicular ha quedado temporalmente comprometido. Esta utilidad agronómica depende del contexto y no sustituye en ningún caso la corrección del problema físico del suelo.

4. Extractos de algas

Los extractos de algas, especialmente los obtenidos de Ascophyllum nodosum, son bioestimulantes no microbianos elaborados a partir de algas pardas marinas mediante procesos de extracción que concentran distintas fracciones bioactivas. No actúan como fertilizantes en sentido estricto, sino como moduladores de procesos fisiológicos de la planta. Su composición es compleja y variable, e incluye polisacáridos, compuestos fenólicos, manitol y otras moléculas cuya proporción depende mucho de la materia prima y, sobre todo, del método de extracción. Por eso no todos los productos a base de Ascophyllum nodosum tienen el mismo comportamiento agronómico.

En olivar, su interés técnico aparece sobre todo cuando el árbol sale de una situación de estrés con la raíz comprometida o con un equilibrio fisiológico alterado. Esto ocurre tras episodios de sequía, calor, salinidad, encharcamiento temporal o daños en el suelo que terminan afectando al sistema suelo-rizosfera-raíz. En este contexto, los extractos de algas no deben entenderse como regeneradores directos del suelo, sino como herramientas de apoyo para ayudar al olivo a recuperar actividad fisiológica, mejorar su tolerancia al estrés y estabilizar la respuesta del cultivo mientras el sistema radicular vuelve a funcionar con normalidad.

5. Micorrizas arbusculares

Las micorrizas arbusculares son hongos del suelo que establecen una simbiosis con las raíces del árbol. Se llaman “arbusculares” porque, al colonizar la raíz, forman en las células corticales unas estructuras muy ramificadas llamadas arbúsculos, que son el principal punto de intercambio entre el hongo y la planta. En esa relación, la planta cede carbono procedente de la fotosíntesis y el hongo mejora la captación de recursos del suelo, sobre todo nutrientes y agua.

Técnicamente, no son un fertilizante ni un simple “microorganismo beneficioso” más. Son hongos simbiontes obligados, es decir, dependen de la planta para completar su ciclo biológico, y funcionan como una prolongación externa del sistema radicular mediante su red de hifas en el suelo. Esa red puede ampliar el volumen de suelo explorado por la raíz y favorecer especialmente la absorción de fósforo, además de contribuir a mejorar la captación de otros nutrientes y la tolerancia frente a distintos estreses abióticos.

A nivel agronómico, las micorrizas arbusculares ayudan a que la raíz “llegue más lejos” y funcione mejor, sobre todo en suelos donde la disponibilidad de nutrientes es limitada o donde el cultivo necesita mayor resiliencia fisiológica.

En olivar, su interés técnico es claro en situaciones como plantación, replantación, suelos biológicamente empobrecidos o programas orientados a reforzar la tolerancia al estrés hídrico y la eficiencia radicular. La revisión reciente sobre microbiota subterránea del olivo las sitúa entre los grupos microbianos con mayor potencial para mejorar el rendimiento fisiológico y la tolerancia al estrés, aunque también subraya que la respuesta depende mucho de la especie o cepa utilizada, del tipo de suelo, del manejo y del contexto ambiental.

6. PGPR y bacterias beneficiosas

Las PGPR (Plant Growth-Promoting Rhizobacteria) son bacterias de la rizosfera capaces de colonizar la superficie de la raíz, y en algunos casos también el interior de los tejidos radiculares, ejerciendo efectos positivos sobre el crecimiento, la nutrición y la tolerancia al estrés de la planta. No son fertilizantes ni correctores del suelo en sentido estricto: su interés agronómico está en que pueden mejorar la funcionalidad biológica del sistema suelo-rizosfera-raíz mediante mecanismos como la solubilización de nutrientes, la producción de compuestos promotores del crecimiento, la competencia con microorganismos perjudiciales y la inducción de respuestas defensivas en la planta. 

En olivar conviene hablar de cepas concretas y no de “bacterias beneficiosas” en general. Uno de los casos mejor estudiados es Pseudomonas fluorescens PICF7, una bacteria endófita de raíz de olivo capaz de colonizar eficazmente el sistema radicular y activar respuestas defensivas sistémicas en la planta. En trabajos con material de plantación de olivo se observó que tratamientos radiculares con aislamientos fluorescentes de Pseudomonas retrasaron la aparición de síntomas y redujeron de forma importante la incidencia y severidad de la verticilosis bajo condiciones experimentales severas. También se ha documentado el papel de Bacillus velezensis XT1, una cepa tolerante a salinidad con actividad antifúngica frente a Verticillium dahliae, evaluada en programas de biocontrol en olivo.

Desde un punto de vista práctico, su función en la recuperación de suelos agrícolas dañados es indirecta pero relevante.

BIOESTIMULANTES RECOMENDADOS SEGÚN EL TIPO DE ESTRÉS DOMINANTE 

Erosión, pérdida de finos, baja materia orgánica, degradación del horizonte superficial

El objetivo prioritario es recuperar funcionalidad edáfica y reactivar la rizosfera. Aquí tienen más sentido las sustancias húmicas, acompañadas de materia orgánica estable y manejo conservacionista. Las sustancias fúlvicas pueden complementar el programa, pero no deberían ser el eje principal.

Encharcamiento, hipoxia radicular y caída de vigor

El objetivo prioritario es sostener la recuperación fisiológica del árbol mientras se restablece la funcionalidad radicular. En este caso tienen más lógica los hidrolizados proteicos y los aminoácidos, como apoyo metabólico y vegetativo.

Post-estrés hídrico o térmico

Cuando el árbol sale de una situación de estrés con equilibrio fisiológico alterado, los extractos de algas tienen más interés como herramienta de estabilización y mejora de tolerancia frente a nuevos episodios de estrés.

Suelo biológicamente empobrecido o necesidad de reconstruir resiliencia radicular

Aquí entran las micorrizas arbusculares y los PGPR, siempre dentro de programas bien diseñados, con diagnóstico previo y condiciones de manejo compatibles.

Salinidad funcional

En estas situaciones el bioestimulante puede ayudar a mejorar la tolerancia del árbol, pero no corrige por sí solo el problema del suelo o del agua. Aquí pueden tener interés extractos de algas, hidrolizados proteicos y algunos programas microbianos, pero siempre como complemento a la corrección agronómica principal.

ERRORES FRECUENTES

  • Un bioestimulante no corrige por sí solo un problema hídrico, estructural o sanitario.
  • No entender los bioestimulantes como herramientas de apoyo a la recuperación del sistema suelo-raíz y tratarlos como “correctores” nutricionales.
  • La respuesta en campo no es automática ni uniforme. Todos los bioestimulantes tienen resultados variables según la fuente del producto, la composición real, la dosis, el tipo de suelo y el estado fisiológico del árbol. Por eso no conviene tratarlas como una solución universal ni como sustituto de un buen manejo del suelo.
  • La eficacia no debe valorarse solo por la cosecha inmediata, sino por la recuperación real del sistema suelo-raíz.
  • En fincas con encharcamiento persistente o decaimiento acusado, además del estrés abiótico debe considerarse el riesgo de problemas radiculares asociados a patógenos de suelo. En esos casos, la bioestimulación puede acompañar la recuperación, pero no sustituye el diagnóstico fitopatológico.
  • Atribuirles funciones que no les corresponde como la recuperación física del suelo, corrección de la compactación, drenajes o reparación de cárcavas.

CONCLUSIÓN TÉCNICA

En olivar, los bioestimulantes con interés real para recuperar sistemas dañados no son todos iguales ni actúan sobre los mismos procesos.

Si el problema principal es edáfico, el foco debe ponerse en sustancias húmicas, con las fúlvicas como apoyo complementario más orientado a disponibilidad y eficiencia nutricional.

Si el problema dominante es fisiológico, conviene diferenciar entre hidrolizados proteicos y complejos aminoacídicos, ambos útiles, pero no equivalentes.

Si el objetivo es estabilizar la respuesta al estrés, los extractos de algas tienen sentido como herramienta de acompañamiento.

Y si se busca reconstruir resiliencia biológica en la rizosfera, las micorrizas arbusculares y los PGPR pueden aportar valor, pero solo con un planteamiento técnico serio y ajustado a la parcela.

La idea clave: primero se corrige el suelo y después se bioestimula. Cuando se respeta ese orden, la respuesta en finca es más consistente, más medible y agronómicamente más defendible.


¿Quieres recuperar y mejorar el estado del suelo de tu olivar, hablamos?


REFERENCIAS TÉCNICAS

  • Sánchez Arcas, B., Díaz, R, Díaz, A., (2023) Incremento de la actividad enzimática del suelo mediante bioestimulación. 
  • Reglamento (UE) 2019/1009 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 5 de junio de 2019, relativo a los productos fertilizantes UE y a la definición funcional de bioestimulante vegetal.
  • Mercado-Blanco, J., Rodrıguez-Jurado, D.,Hervas, A., and M. Jimenez-Dıaz, R. (2004) Suppression of Verticillium wilt in olive planting stocks by root-associated fluorescent Pseudomonas spp.
  • Dias, M.C., Pinto, D.C.G.A., Silva, A.M.S. et al. (2022). Sustainable Olive Culture under Climate Change: The Potential of Biostimulants. Horticulturae, 8(11), 1048.
  • Dias, M.C. et al. (2024). Olive Tree Belowground Microbiota: Plant Growth-Promoting Bacteria and Fungi. Plants.
  • Almadi, L., Paoletti, A., Cinosi, N. et al. (2020). A Biostimulant Based on Protein Hydrolysates Promotes the Growth of Young Olive Trees. Agriculture, 10(12), 618.
  • Mazeh, M., Almadi, L., Paoletti, A. et al. (2021). Use of an Organic Fertilizer Also Having a Biostimulant Action to Promote the Growth of Young Olive Trees. Agriculture, 11(7), 593.
  • Dias, M.C. et al. (2024). Ascophyllum nodosum Extract Improves Olive Performance under Water Deficit through the Modulation of Molecular and Physiological Processes. Plants, 13(20), 2908.
  • Mechri, B. et al. (2024). Enhancing Olive Tree Rhizosphere Dynamics: Co-inoculation Effects of Arbuscular Mycorrhizal Fungi and Plant Growth-Promoting Rhizobacteria in Field Experiments. Applied Soil Ecology.
  • Peñuela, A. et al. (2026). Soil Erosion in Mediterranean Olive Groves: a Review. SOIL, 12, 93–125.
  • Topali, C. et al. (2024). Effect of Waterlogging on Growth and Productivity of Fruit Crops. Horticulturae, 10(6), 623.
  • Santilli, E. et al. (2020). First Report of Root Rot Caused by Phytophthora bilorbang on Olea europaea in Italy. Plants, 9(7), 826.

Artículos relacionados
Olivicultura de Precisión. La nueva era del olivar

La OP permite a los productores gestionar mejor y rentabilizar sus explotaciones.

El Olivar que habla, ya es una realidad!

Una herramienta de gran utilidad para la monitorización del cultivo.

Diagnóstico Nutricional Avanzado

La mejor herramienta para conocer el estado nutricional del olivo todo el año.

Estrategias de Fertirriego del Olivar

Los principales métodos de fertirriego del olivar.