Intensas defoliaciones, marchitamiento repentino, retraso del crecimiento vegetativo y daños en raíces son algunos síntomas asociados a toxicidad por sodio. Deterioro que se potencia en épocas de sequía prologada. Lo preocupante no es tanto el daño en la planta sino las consecuencias en el bulbo húmedo y en la estructura del suelo que puede comprometer la producción de las próximas cosechas.


Desde hace algunos años venimos observando en plantaciones, especialmente de riego, olivares con masa foliar amarillenta, intensas defoliaciones y decaimiento generalizado de los árboles sin explicación aparente. Síntomas visuales no asociados a deficiencias nutricionales típicas del desgaste habitual de la época ni tampoco a problemas sanitarios.

Intuyendo que el origen podría estar vinculado a toxicidad por exceso de sodio, incorporamos dicho parámetro en los análisis foliares de las fincas más comprometidas con el objetivo de verificar el diagnóstico visual. Los resultados han confirmado nuestras sospechas, se han obtenido valores en hoja anormalmente elevados, en algunos casos mayores de 100ppm y en los más extremos por encima de los 400ppm e incluso cercanos a 500ppm lo que indica toxicidad alarmante. En las fincas más deterioradas realizamos análisis complementarios de agua de riego y de suelo que confirmaron la sodificación del bulbo húmedo por el uso de aguas de riego con alta concentración de sodio agravada por la intensa y prolongada sequía. La producción de estas fincas está comprometida para las próximas campañas si no se toman medidas correctoras a tiempo.

TOXICIDAD POR SODIO

El sodio es un nutriente que, aunque no cumple funciones de relativa importancia en las plantas es necesario para su correcto desarrollo y crecimiento. Uno de los papeles más importantes es que ayuda a regular la presión osmótica a nivel celular con su consiguiente eficiencia en el uso del agua. Puede ser utilizado en pequeñas cantidades como auxiliar para el metabolismo y la síntesis de clorofilas.

La carencia de sodio es considerada una deficiencia rara ya que este elemento se encuentra en la mayoría de las fuentes de agua, así como en los fertilizantes y en la solución del suelo. En el caso de que hubiera un déficit muy elevado se podría observar clorosis y necrosis o problemas en la floración, pero resulta muy extraño encontrar una deficiencia de este tipo.

Y el exceso de socio resulta perjudicial para las plantas en general y para las propiedades fisicoquímicas del suelo en particular. Afecta a cada aspecto de la fisiología del árbol y a su metabolismo. Su alta concentración ocasiona desequilibrio iónico y estrés osmótico, rompe la homeostasis del potencial hídrico y la distribución de iones, inhibiendo el crecimiento de la planta.

Síntomas visuales por exceso de sodio:  

  • Amarilleamiento de hojas y fuertes defoliaciones.
  • Marchitamiento repentino del árbol.
  • Retraso del crecimiento vegetativo.
  • Quemaduras marginales en hojas inferiores y viejas, aunque este síntoma no es tan claro en olivar.
  • Necrosis y muerte de raíces: las raíces afectadas son incapaces de absorber el agua y los nutrientes y la planta termina muriendo gradual o repentinamente.

SODIFICACIÓN DEL BULBO HÚMEDO

El exceso de sodio afecta fundamentalmente al bulbo húmedo, sodificándolo. Éste es un proceso lento y gradual, y cuando los síntomas visuales se aprecian en la parte aérea del olivo es indicativo de que el bulbo húmedo está gravemente dañado.

Normalmente el bulbo húmedo tiene baja salinidad (<2 dS/m) y buena parte de ella se debe al sodio. Cuando este se acumula en el suelo es porque previamente ha desplazado al calcio y cuando esto ocurre se dan dos situaciones:

  1. El Porcentaje de Sodio Intercambiable se sitúa por encima de 7% y en los casos más graves supera el 20-30%.
  2. Aumento del pH por encima de 8’5, frecuentemente entre el 9-9’5 y en los casos más graves por encima de 10.

Causas de la sodificación

  • Las propias características del suelo, aunque es algo poco probable.
  • En la mayoría de los casos se debe al uso de agua de riego con altas concentraciones de sodio y bajas en calcio que con el tiempo altera las condiciones del bulbo húmedo.
  • Riego con agua con altas concentraciones de bicarbonatos que una vez incorporados al suelo acaban bloqueando el calcio en forma de carbonato cálcico. Esta forma de calcio bloquea y sustituye al sodio originando la sodificación.
  • Sequia intensa y prolongada, en sí no es causante de la sodificación pero sí un agravante. La climatología es un factor clave, los ciclos de lluvia y sequía influyen en la concentración de sales. En los años de precipitaciones superiores a la media, normalmente se producen fenómenos de lavado de las sales. La lluvia favorece el lavado de los cationes que descienden a las capas inferiores, rebajando la salinidad del suelo en general y del bulbo húmedo en particular, acercando los valores de conductividad eléctrica a los encontrados en las calles de la finca. El caso contrario se produce en los periodos de sequía en los que el agua de lluvia no lava suficientemente el perfil del suelo como para rebajar significativamente la concentración de sales en el bulbo húmedo. Normalmente en olivar de secano la conductividad eléctrica del suelo ronda los 0,5-1,5dS/m, en cambio en un suelo de riego la CE es frecuente que supere los 3dS/m.

En épocas de sequía prolongada la concentración de sodio se incrementa notablemente y se potencia con el uso de aguas procedentes de sondeos donde la concentración de sodio aumenta alcanzando niveles preocupantes.

Consecuencias de la sodificación

– Aumento del pH del suelo (por encima de 8,5) debido a la acumulación de carbonato y bicarbonato sódico. Este incremento bloquea la asimilación de micronutrientes esenciales como el manganesozinc hierro, por lo que la planta sufre una severa desnutrición limitando su crecimiento y provocando fuertes defoliaciones.

– Sustitución del Calcio por Sodio. El calcio es un macronutriente esencial para el crecimiento y desarrollo vegetativo, por tanto, su sustitución provocará grave desnutrición del árbol y defoliaciones masivas.

– Las partículas más afectadas por sodicidad son las arcillas originando su dispersión.  El efecto físico de esta dispersión provoca que el suelo se quede sin macro y microporosidades, de forma que aumenta la densidad aparente del suelo y prácticamente impide el paso de agua (infiltración) y la aireación. En estos casos lo habitual es que se den situaciones de encharcamientos e hipoxia, las raíces del olivo no pueden respirar y mueren. Cuanto más arcilloso sea un suelo más fácil será que se sodifique y con mayor intensidad. En cambio, en las mismas circunstancias, un suelo arenoso no tiende a sodificarse.

– La sodicidad afecta a la estructura del suelo. Dicha estructura evoluciona hasta convertirse en columnar caracterizado por su infertilidad.

– Afecta a la materia orgánica del suelo. La materia orgánica se separa de las arcillas (complejo arcillo-húmico) quedando depositada en la superficie del suelo tiñéndola de manchas negras denominadas Alcalis-negro.

Hay estudios que revelan la tolerancia de determinadas variedades de olivo a la salinidad, hasta 6,5 gramos de sal por cada litro de agua, sin que afecten a su producción. Estos estudios han logrado averiguar que, por lo general, los olivos son bastante tolerantes al cloruro, pero no al sodio y dependiendo del tipo de cultivar reaccionan de forma diferente a la sodificación. La picual, por ejemplo, es más susceptible a los encharcamientos y no tolera las situaciones de hipoxia. Esta variedad es la que más daño sufre ante situaciones de sodificación del bulbo húmedo. Por contra, la arbequina es algo más tolerante en esta situación.

DETECCIÓN DE LA TOXICIDAD Y MEDIDAS CORRECTORAS

Las únicas herramientas disponibles para detectar la toxicidad por sodio son los análisis agroquímicos.

Análisis foliar: además de determinar el estado nutricional de la planta, permite cuantificar el nivel de sodio en hoja y detectar posibles toxicidades. Valores a partir de 100ppm indica una acumulación anormalmente alta de sodio, pero sin que afecte excesivamente al árbol. Niveles por encima de 300ppm en hoja comienzan a dañar la capacidad productiva y vegetativa del olivo y es indicativo de riego con aguas sódicas.

Análisis de suelo: concluyente para detectar procesos de salinidad y/o sodicidad del bulbo húmedo y valorar su grado o intensidad.

Análisis de la calidad del agua de riego: determina la composición del agua, sus cualidades fisicoquímicas y su idoneidad para el riego.

Una vez tengamos los resultados es posible tomar medidas para revertir este proceso indeseado y restaurar los bulbos húmedos. Algunas actuaciones recomendables:

  • Corregir el agua de riego. Aportando calcio (nitrato cálcico) al agua de riego. El calcio* compite con el sodio en las raíces impidiendo que pase a la parte aérea y evitando la toxicidad. Si la sodicidad del agua se debe a un exceso de bicarbonatos se puede aplicar ácidos (nítrico, fosfórico o sulfúrico) para eliminarlos.

    *El calcio y el sodio provocan efectos contrarios sobre el bulbo húmedo. El calcio tiene efectos positivos mientras que el sodio tiene un impacto negativo, reduce su fertilidad física disminuyendo la infiltración y la aireación. Por tanto, cuanto mayor sea la Relación Ca/Na, mayor cantidad de calcio habrá en la disolución del suelo. Lo ideal es que esta relación sea superior a 1,5 y cuanto mayor sea mejor.

  • Aplicar yeso (sulfato cálcico) en la toda la superficie del bulbo húmedo afectada por la sodicidad. No es posible hacerlo mediante fertirriego por la insolubilidad del yeso.
  • Restaurar la disponibilidad de nutrientes en el bulbo húmedo aplicando quelatos de tipo EDDHA (son activos hasta pH de 11) de hierrozinc y manganeso. Y aplicar magnesio para compensar la relación calcio/magnesio.
  • Controlar la duración del riego para evitar encharcamientos e hipoxias ya que la infiltración del suelo es muy reducida.

Determinar las causas de la sodificación marcará la estrategia a seguir; ya sea paralizarla o minimizarla y tratar de revertir los daños a largo plazo, fundamentalmente los relacionados a los cambios en la estructura del suelo y en las condiciones del bulbo húmedo, supondrá un punto de inflexión en la productividad y rentabilidad. 


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